9.15.2007

Conversación ante el espejo VI




Conversación ante el espejo VI

“Mejor una mala excusa que ninguna excusa”
William Candem


La cita venia siendo un total desastre. Las citas a ciegas suelen serlo. La chica en cuestión, aquella que a través del chat donde nos conocimos parecía ser una chica bien maja, acabó siendo el ser mas odioso de la creación, con el intelecto de un canelón y sin más tema de conversación que aquellos que pudieran orbitar entorno a sus zapatos recién comprados. Superficial es la palabra que emplearía de tener que ponerle una etiqueta en la frente.

-Discúlpame un momento, he de ir al servicio –le dije.

Con amplias zancadas entre en los servicios y apestillé la puerta.
De suelos pegajosos, cristales rotos y con ese olor flotando en el aire a orina mal dirigida, sutilmente camuflada por un penetrante aroma a lejía barata. Prefería acampar allí durante un mes que entablar cinco minutos más de conversación con aquella niña y sus bonitos zapatos.
Aquella era mi trinchera, debía de urdir alguna treta, alguna excusa que me sirviera para salir corriendo sin quedar como el capullo que en verdad era.
Piensa, piensa…
El hilo musical no ayudaba demasiado a la empresa de parir ideas, desde ninguna parte en concreto, simplemente cayendo desde las alturas, se escuchaba una de esas musiquitas exasperantes. De poder, agarraría al talentoso músico que había compuesto aquella cancioncilla de los huevos y lo pondría a cenar con mi pareja aquella noche. Seria justicia en estado puro.

-No farfulles… piensa –me digo, haciéndome callar.

Me ha sentado mal la cena. Ya esta, todo un clásico, pero creíble dependiendo de mis dotes teatrales, que dicho sea de paso, son notables si la situación lo requiere.

-Pero si aun no habéis cenado, capullo –me dice alguien.

Me giro, la figura del espejo me mira sonriente.

-¿Qué leches estas haciendo ahí? –pregunto sorprendido.

-¿A ti que te parece? Soy tu reflejo, no me queda más remedio que seguirte a donde quiera que vayas. Parece que tienes un problemilla, ¿no?

-Hacía tiempo que no me alegraba al verte, escucha…

-…muy bonito…con lo que yo…

-…cállate, me tienes que ayudar. ¿Qué le puedo decir a esa chica para librarme de cenar e irme a casa? –Pregunto atropelladamente.

-Dile: Tía, me aburres… me voy.

-¿¡Como le voy a decir eso!? Ayúdame, joder.

-Ya lo tengo… presta atención, esto es lo que le vas a decir a ese peñasco de tía…

Salgo del servicio metiéndome en el papel, con faz de preocupación y fingiendo estar agitado. A lo lejos, sentada en la mesa, mi pareja me mira.
Llego a la mesa y tomo asiento. Alea jacta es, pienso.

-Rocío, me tengo que ir corriendo. Mi abuela esta enferma, parece que es urgente, lo siento mucho – a mis oídos suena sumamente creíble. Voy por buen camino.

-Vaya ¿Cómo ocurrió? –me preguntó muy asombrada.

Estas a una frase de librarte, muchacho, no la cagues ahora.

-Me han llamado al móvil mientras estaba en el servicio, de veras que lo sien… -no logro terminar la frase pues su rostro se tensa por completo mientras busca algo en su bolso.

-El móvil me lo distes antes de entrar al cine para que te lo guardase en el bolso, dijiste que te molestaba ¿Recuerdas? –me dijo, mientras colocaba mi móvil sobre la mesa.

Me quedo mirando el teléfono, intentando digerir aquella metedura de pata.
Levanto la vista y miro a aquella chica con la mirada mas dura que la de una estatua.

-Eh… ¿Ha venido ya el camarero a tomarte nota?


Azhaag

9.13.2007

Música: Dangerous, de Michael Jackson

Por primera vez en mucho tiempo no tengo nada que decir…, siempre me ocurre lo mismo cuando veo este video…

Dangerous (1993) del inimitable Michael Jackson.



Plas, plas, plas, plas...

Azhaag

Perlas de sabiduría: Estopa


“He perdido el rumbo y la noción del tiempo, un callejón oscuro dibuja un entierro. Se ha muerto la luna, que se calle el viento. Una luz a lo lejos alumbra una figura que parece a Gloria, pero, solo era el camión de la basura, haciendo su ruta. Todo sigue igual que ayer, las mismas caras de siempre, el mismo llanto que me hizo llorar tanto tiempo, el mismo tiempo que perder. Parece una eternidad, nunca acabo esta botella por que sigue estando el fondo cada vez mas lejos…”

“…el de medio de los Chichos me ha dicho que soy muy bueno, que tengo buen corazón y que nunca voy sereno, que se me nota en los ojos, que mi mirada es de hielo. Me ha dicho que en otra vida yo era un perro callejero…”

“Dime como ves el mundo exiliado en cada lavabo, contando cada minuto, administrándote los gramos, dime como ves mi cara desde tus ojos desquiciados. Dime como huele el viento desde tu tabique blanco. He venido a contarte que tu novia te ha dejado, que ya no le funcionas, que estas acabado. Me ha dicho que cuando te vea te de un abrazo… creo que soy el único que sigue a tu lado…”

“Oye, me han echado del Infierno, dicen que es que me faltan pecados, yo quise quedarme dentro, prometí quedarme callado, pero ni con mi silencio. Ni siendo yo mi diablo. Demonios son mis temores, demonio es tanto llanto, demonios en el mar de dudas, donde se asusta el espanto. Que el diablo es el olvido…”

“Siempre quiero estar contento, triste no valgo la pena, si me ahogo en tu lamento, llévame siempre a tu vera...”

Azhaag

9.11.2007

Desempolvando artículos: Guy de Maupassant

Antes los copiaba a mano, como si fuese un monje encapuchado retirado en una olvidada abadía, copiando textos y más textos.
Luego descubrí la impresora, menudo invento. Así que deje de gastar bolis bic y comencé a gastar cartuchos de tinta, el caso es que me gusta tener en papel esta clase de artículos, odio leer mirando la pantalla.
Acabo la lectura y parece que no me llena, como si no me saciara con lo que leo si no noto el contacto del papel en las yemas de mis dedos.

Por que tras dar con algún artículo que me gustaba en la red, en alguna revista o donde fuera, lo mecanografiaba y lo imprimía, dotando a los tacos de folios, los cuales crecían como la espuma, de una de esas encuadernaciones cutres de portada y contraportada de cartón y nervio de anillas.

En poco tiempo estas encuadernaciones fueron ganando en número, ocupando por si mismas estanterías a rebosar, en ellas se recogían artículos de R.L Stevenson, Kafka, Lovecraft, Poe, Bécquer, Stephen King, Clive Barker… el denominador común es que todos, o casi todos, eran escritores de lo fantástico. Lo que hoy comparto con vosotros es un artículo del brillant fou por excelencia, el francés Guy de Maupassant.

Adiós misterios
Publicado en Le Gaulois del 8 de noviembre de 1881

¡ Detesto a los conservadores, a las personas que no son de su siglo !
La humanidad se ha dividido siempre en dos clases, la que tira hacia adelante y la que lo hace hacia atrás. Los primeros algunas veces van demasiado aprisa; pero los otros no aspiran más que a frenar, y detienen a los primeros, retrasan el pensamiento, traban la ciencia, ralentizan la sagrada marcha de los conocimientos humanos.
Y son numerosos, esos anquilosados, esos petrificados, esos detractores de sondear los misterios del mundo: viejos caballeros y viejas damas embadurnados de moral infantil, de religión ciega e ingenua, de principios grotescos, personas del orden de la especie de las tortugas, proceadores de todos esos jóvenes envarados con cerebro de pájaro, transmitiendo los mismos aires de padres a hijos, cuya única imaginación consiste en distinguir lo que es elegante y lo que no. Un asesino, un soldado traidor, todo criminal, alguien monstruoso sea lo que sea me parece menos odioso, es menos mi enemigo natural, instintivo, que esos retrasados cortos de vista, que arrojan entre las piernas de los corredores sus antiguos prejuicios, las anticuadas doctrinas de nuestros antepasados, la letanía de las tonterías legendarias, tonterías que no se pueden desarraigar, que repiten como un sacerdote.
Marchemos adelante, siempre adelante, demolamos las falsas creencias, abatamos las tradiciones que estorban, destruyamos las doctrinas seculares sin ocuparnos de las ruinas. Además vendrán quienes desescombren; otros, quienes construirán enseguida; luego quienes diseñen y otros que siempre restablecerán. Pues el pensamiento marcha, trabaja, alumbra; todo se utiliza, todo pasa, todo cambia, todo se modifica. Las ideas no son de naturaleza más inmortal que los hombres, los animales y las plantas. Y sin embargo, ¡ como nos tienta a menudo, este cariño culpable por las creencias antiguas que se saben mentirosas y perjudiciales !
De este modo un templo de las nuevas religiones, un templo abierto a todos los cultos, a todas las manifestaciones de la ciencia y del arte, el palacio de la Industria muestra cada tarde a las multitudes, asombradas con los descubrimientos tan sorprendentes, como la vieja palabra balbucida siempre en los orígenes de las supersticiones, la palabra « milagro », nos viene instintivamente a los labios.
El rayo cautivo, el rayo dócil, el rayo que la naturaleza ha hecho dañino, transformado en algo útil en las manos del hombre; lo inaccesible empleado como fuerza, transmitiendo a lo lejos el sonido, el sonido, esta ilusión del oído humano, que transforma en ruido las vibraciones del aire. La imponderable manipulación de la materia, y la luz, una prodigiosa luz, medida, divisada, controlada a voluntad, producida por ese desconocido formidable cuyo estrépito hacía caer a nuestros padres de rodillas: he aquí lo que algunos hombres, algunos trabajadores silenciosos, nos hacen ver.
Se sale de allí lleno de una admiración entusiasta.
Se dice: « Más misterios; todo lo inexplicado será comprensible un día; lo sobrenatural baja como un lago que un canal desagua; la ciencia, en todo momento, reduce los límites de lo maravilloso.»
¡ Lo maravilloso ! Antaño cubría la tierra. Fue con él con lo que se educaba al niño; el hombre se arrodillaba ante él; el anciano, al borde de la tumba, se estremecía perdido ante las concepciones de la ignorancia humana.
Pero han llegado hombres, filósofos primero, luego sabios, y han entrado audazmente en este espeso y temible bosque de supersticiones; han cortado sin cesar, abriendo rutas para permitir a otros venir; luego éstos se han puesto a desbrozar con rabia, limpiando, haciendo un claro, la luz en torno a ese terrible bosque.
Cada día extienden sus líneas, alargan las fronteras de la ciencia; y esta frontera de la ciencia es el límite de los dos campos. De este lado, lo conocido que ayer era lo desconocido; al lado, lo desconocido que será lo conocido mañana. Este último resto de bosque es el único espacio dejado aún a los poetas, a los soñadores. Pues nosotros tenemos siempre una invencible necesidad de sueño; nuestra antigua raza, acostumbrada a no comprender, a no buscar, a no saber, hecha a los misterios cercanos, se resiste a la simple y clara verdad.
¡ La explicación matemática de sus seculares leyendas, de sus poéticas religiones, la indigna como un sacrílego ! Ella se aferra a sus fetiches, injuria a los leñadores, llama desesperadamente a los poetas.
Apresuraos, oh, poetas, no os queda más que un rincón de bosque a donde llevarnos. Todavía es vuestro; pero, no os equivoquéis ahí, no tratéis de volver a donde hemos explorado.
Los poetas responden: « Lo maravilloso es eterno. ¡ Qué importa la ciencia reveladora, puesto que tenemos la poesía creativa ! Somos los inventores de las ideas, los inventores de ídolos, los hacedores de sueños. Conduciremos siempre a los hombres a países maravillosos, pueblos de seres extraños que nuestra imaginación alumbra.»
Pues bien, no. Los hombres no os seguirán más, ¡oh, poetas ! No tenéis el derecho de confundirnos. Nosotros no tenemos ya la capacidad de creeros. Vuestras heroicas fábulas no nos motivan; vuestros espíritus, buenos o malvados, nos hacen reír.
¡ Vuestros pobres fantasmas son mezquinos al lado de una locomotora en movimiento, con sus enormes ojos, su estridente voz, y su sudario de vapor blanco que discurre alrededor de ella en la fría noche. Vuestros miserables pequeños trasgos quedan suspendidos en los hilos del telégrafo ! ¡ Todas vuestras creaciones extrañas nos parecen infantiles y antiguas, tan antiguas, tan usadas, tan repetidas ! Leo cada día, esos libros de exaltados frenéticos, de bardos obstinados, de recreadores de misterios. Está acabado, acabado. Las cosas no hablan, no cantan, tienen leyes ¡ La fuente murmura simplemente la cantidad de agua que de ella mana !
¡ Adiós misterios, viejos arcanos de tiempos antiguos, viejas creencias de nuestros padres, viejas leyendas infantiles, viejos decorados del mundo antiguo !
¡ Ahora desfilamos tranquilos, con una sonrisa de orgullo, ante el antiguo rayo de los dioses, el rayo de Júpiter y de Jehová prisionero en unas botellas !
¡ Sí ! ¡ viva la ciencia, viva el genio humano ! ¡ gloria al trabajo de este pequeño animal pensante que levanta uno a uno los velos de la creación !
El gran cielo estrellado no nos asombra ya. Sabemos las fases de la vida de los astros, las figuras de sus movimientos, el tiempo que llevan arrojándonos su luz.
La noche ya no nos espanta, no tiene fantasmas ni espíritus. Todo lo que se llamaba fenómenos es explicado por una ley natural. No creo en las burdas historias de nuestros padres. Llamo histéricos a los creyentes en milagros. Razono, profundizo, me siento liberado de las supersticiones.
Y bien, a pesar mío, a pesar de mi deseo y la alegría de esta emancipación, todos esos velos levantados me entristecen. Me parece que se ha despoblado el mundo. Se ha suprimido lo Invisible. ¡ Y todo me parece mudo, vacío, abandonado !
Cuando llega la noche, como me gustaría poder estremecerme de esa angustia que hace persignarse a las ancianas a lo largo de los muros de los cementerios, y salvar las últimas supersticiones ante los vapores extraños de las marismas y los fantásticos fuegos fatuos.
¡ Como me gustaría creer en alguna cosa vaga y terrorífica que se imaginara sentir pasar en la sombra ! ¡ Que negras debían ser las tinieblas nocturnas de antaño, bullendo con todos esos seres fabulosos !
Y he aquí que no podemos incluso ni respetar el trueno, desde que lo hemos visto tan de cerca, tan paciente y tan vencido.

Guy de Maupassant

9.04.2007

Relato: Como una noche perpetua

Como una noche perpetua

“Je me crois en enfer, donc j'y suis”
(Me creo en el infierno, luego estoy allí.)

Arthur Rimbaud


Cayó desde las alturas, levantando una enorme nube de polvo al chocar contra el suelo. Se levantó, y en silencio echó a andar. Vagó varios días por aquel lugar en el cual la tierra que pisaba eran brasas encendidas que lastimaban los pies y el aire apestaba a azufre. Comenzó a intuir donde se encontraba cuando al levantar la mirada vio a otros como él caer bajo el peso de sus pecados hacia este lugar.
Toda la superficie estaba cubierta por una espesa niebla, que limitaba la vista a un par de metros, el resto se encontraba oscuro, y tan solo las ascuas del suelo iluminaban el lugar donde pisabas. Cuando sus ojos se acostumbraron a las tinieblas y se adaptaron a la poca luz que allí había, comenzó a distinguir figuras que andaban a lo lejos. Intentó acercarse a ellas, pero estas parecían huir de él asustadas.
Tan solo una de aquellas figuras dejo que se acercara.
Era un hombre de ojos grises y cabellos blancos, y al llegar ante él, se le arrodillo pidiéndole algo entre suplicas.

-Dime como era, joven… yo apenas la recuerdo, llevo demasiado tiempo aquí ¿Cómo era?

Sabia lo que le estaba preguntando, no sabría decir por qué, pero sabia perfectamente que le preguntaba aquel anciano que se asia a su ropa suplicante y tembloroso. Y por eso le contestó sin vacilar.

-El aire es puro, y en cada lugar huele con un aroma distinto… El agua es tan cristalina que puedes ver tu reflejo en ella, y cuando la bebes te sientes renacer. Todo es verde allá arriba, paisajes donde tan solo el cielo azul delimita los extensos prados que parecen perderse en lo infinito.

El anciano escuchaba las palabras del joven sin poder contener las lágrimas.

-Los besos son capaces de hacerte volar, y un abrazo te devuelve las fuerzas que creías perdidas. El amor es casi etéreo, yo no di con el, pero vi a personas que consiguieron encontrarlo.
Así es la vida que hemos dejado atrás, anciano.
Ahora dime, tú que pareces llevar mucho tiempo en este lugar ¿Cómo es la muerte?

-Negra y eterna, como una noche perpetúa. Negra y eterna…


Azhaag

9.02.2007

Música: I hate everything about you, del grupo Three Days Grace

Este grupo de rock que llega desde la hermosa Canadá viene pegando fuerte, con temas tan cañeros como el que os pongo en esta ocasión. Su nombre, Three days grace.
Valiéndome de mi Ingles esmirriado, el titulo seria: "Odio todo de ti."



El amor y el odio comparten la misma linde…
Tras escuchar la canción me viene a la cabeza una cita de Nietzsche

“Así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para unirme a ti.”

Un saludo.

Azhaag