9.11.2009

Video: ¿Quién dijo malo?

Un documento grafico de vital importancia para desmentir la rotunda afirmación de la naturaleza agresiva e innata de los pitbull… nada más lejos de la realidad, sino, juzguen ustedes mismos… seguro que ningún colega felino se atreve a mirar mal a este gato con semejante guardaespaldas.






Azhaag

Microrelato: Una de samuráis

El ronin, después de llevar tres días huyendo a través del bosque se detuvo en seco, y desenvainó su espada presto a luchar. Se acabó el huir, moriría entablando combate o viviría gracias al dominio de su acero, prefería eso antes de huir siquiera una noche mas a través de estos bosques embrujados. Podía escuchar a lo lejos como se aproximaba corriendo hacia él. El ronin se aferró a su espada, seria ella quien lo mantendría en el mundo de los vivos. La bestia seguía acercándose, los árboles sucumbían al avance de aquel demonio y los metros entre ambos se iban reduciendo cada vez más. El ronin, segundos antes del choque, afianzó sus pies en la tierra, agarró con mas fuerza la empuñadura de su espada y aspiró, quizá por ultima vez, el aire que mecía las flores de cerezo. Los árboles de delante se desgajaron de la tierra por la embestida de la criatura, y con un rugido que quebraría el alma del mas valiente, saltó hacia el ronin que seguía imperturbable y sereno a la espera del momento preciso en el que atravesar el corazón de aquel demonio con su acero.

-¡¡Corten!! –gritó el director -¡¡Corten!! Maldita sea, Luis ¿Es que no te das cuenta de que se te ven las zapatillas bajo el disfraz de demonio? ¿Dónde se ha visto un demonio con unas zapatillas deportivas? ¡Me cago en todo! A rodar de nuevo la puta escena…

El ronin, cansado de repetir por quinta vez la misma secuencia, dejó la espada de plástico apoyada en un árbol de atrezzo y se encendió un cigarrillo.

Azhaag

Biblioteca: La Trilogía de Nueva York, de Paul Auster


Paul Auster, nacido en estados unidos en 1943, natural de Nueva Jersey. Poeta antes de escritor, ha llegado a trabajar incluso como guionista de cine. Su estilo, cuanto menos poco convencional, suele estar orientado hacia la novela negra. Sus tramas, ricas en matices y personajes, suelen estar pobladas de reminiscencias de otras de sus novelas: personajes de otras historias que se dejan caer por esta o aquella pagina, casualidades imposibles entrelazadas a la perfección y cuyo verdadero origen se encuentran en la vida real del propio Auster, finales abiertos que parecen dar pie a la trama de otros escritos… un verdadero malabarista.


La Trilogía de Nueva York es un tripartito de historias, aparentemente sin relación entre ellas, pero que sin embargo están unidas por un fino hilo que las hilvana como una sola. Ciudad de Cristal (1985), Fantasmas (1986) y La Habitación Cerrada (1986) forman en conjunto La Trilogía de Nueva York. Todas ellas pertenecen al género negro que tanto parece apasionarle a Auster. Historias que van desde detectives que sin serlo, por error, empiezan a ejercer como tales, metiéndose tan de lleno en el caso que acaban engullidos, presos en la espiral tan cerrada que este creara, llegando a olvidar incluso su propia identidad. Siendo este el argumento de Ciudad de Cristal, la cual, una vez alcanzado su final, dejara al lector con la sensación de que el libro que ha adquirido en su librería de costumbre le han de faltar un par de hojas, pues la naturaleza abrupta del desenlace lo deja a uno mitad enojado, mitad maravillado. En Fantasmas, la historia de detectives que persiguen a criminales por encargo adquiere una nueva dimensión que va más allá del género, alcanzando cotas metafísicas donde el protagonista de la historia se preguntara sobre el verdadero significado que implica el estigma de ser culpable en este juego de persecuciones. Y por ultimo, La Habitación Cerrada, a mi juicio, la mejor de las tres historias, flirtea con aspectos tan subyugantes como la fantasmal presencia del pasado que irrumpe sin avisar en el presente para causar solo tormento. La historia empieza con una llamada de la que a priori dice ser la esposa del amigo de nuestro protagonista. Esta le hace saber que su marido le dejo el encargo de que, en caso de ocurrirle algo, confiara todos sus manuscritos a su mejor amigo, nuestro protagonista. El cual lleva tanto tiempo alejado de su antigua vida y de esta lejana amistad que el encuentro con su pasado se le antojara de lo más perturbador. Una verdadera genialidad con la que Auster rubrica el final de su trilogía.


A nivel personal, Auster ha sido un grato descubrimiento. Y esta primera toma de contacto no ha hecho más que alentarme a buscar más títulos dentro de su prolífica obra. Sin lugar a dudas, volverá a aparecer en breve por aquí…






“Baudelaire: Il me semble que je serais toujours bien la oú je ne suis pas. En otras palabras: me parece que siempre seré feliz allí donde no estoy. O, más directamente: donde quiera que no estoy es donde soy yo mismo. O bien, cogiendo el toro por los cuernos: en cualquier parte fuera del mundo.”



“Dado que esta historia se basa directamente en hechos, el autor cree que es su deber no sobrepasar los limites de lo verificable, resistir a toda costa los peligros de la invención.”



“En ultima instancia, una vida no es mas que la suma de hechos contingentes, una crónica de intersecciones casuales, de azares, de sucesos fortuitos que no revelan nada mas que su propia falta de propósito.”



“Las historias solo le suceden a quienes son capaces de contarlas, había dicho alguien una vez. De la misma manera, quizá, las experiencias solo se presentaban a quienes eran capaz de tenerlas.”



“Llego un momento en que noté en que ya no estábamos empeñados en un combate, que las cosas se habían asentado entre nosotros. Al pensar ahora en ese momento, me tienta utilizar el lenguaje tradicional del amor. Deseo hablar con metáforas de calor, de fuego, de barreras que se derriten ante pasiones irresistibles. Soy consciente de lo ampulosos que pueden sonar estos términos, pero al final creo que son exactos. Todo había cambiado para mi, y palabras que nunca había comprendido, súbitamente empezaron a tener sentido. Aquello fue una revelación, y cuando tuve tiempo de absorberla, me pregunté como había podido vivir tanto tiempo sin aprender aquella sencilla verdad. No estoy hablando de deseo tanto como de conocimiento, del descubrimiento de que dos personas, a través del deseo, pueden crear algo más poderoso de lo que ninguna de ellas podría crear sola. Ese conocimiento me transformó, creo, he hizo que me sintiera más humano. Al pertenecer a Sophie, empecé a sentir como si perteneciera a todos los demás. Resultó que mi verdadero lugar en el mundo estaba más allá de mí mismo, y si estaba dentro de mí también era ilocalizable. Era el diminuto espacio entre el yo y el no yo, y por primera vez en mi vida vi esta nada como el centro exacto del mundo.”



“En un libro de Peter Freuchen que leí una vez, escribe Fanshawe, el famoso explorador del ártico cuenta que quedó atrapado por una tormenta de nieve en el norte de Groenlandia. Solo, con sus víveres disminuyendo, decidió construir un iglú y esperar a que amainara la tormenta. Pasaron muchos días. Temeroso, sobre todo, de ser atacado por los lobos –porque les oía merodear hambrientos junto al tejado de su iglú -, periódicamente salía fuera y cantaba a pleno pulmón para asustarlos. Pero el viento soplaba furiosamente, y por muy alto que cantase lo único que oía era el viento. Sin embargo, si bien éste era un problema grave, el problema del propio iglú era mucho mayor. Porque Freuchen empezó a notar que las paredes de su pequeño refugio iban gradualmente cerrándose sobre él. Debido a las peculiares condiciones atmosféricas en el exterior, su aliento literalmente congelaba las paredes y con cada respiración éstas se volvían más gruesas y el iglú se hacia más pequeño, hasta que finalmente casi no quedaba espacio para su cuerpo. Ciertamente es aterrador imaginar que tu propia respiración te va metiendo en un ataúd de hielo, en mi opinión, es considerablemente más angustioso que, digamos “El pozo y el péndulo” de Poe. Porque en este caso es el hombre mismo el agente de su destrucción y, además, el instrumento de esa destrucción es precisamente lo que necesitaba para mantenerse vivo. Porque ciertamente un hombre no puedo vivir si no respira. Pero al mismo tiempo no vivirá si respira. Curiosamente, no recuerdo como consiguió Freuchen escapar de aquella apurada situación. Pero no hace falta decir que escapó. El titulo del libro, si no recuerdo mal, es Aventura ártica. Hace muchos años que esta agotado.”



“Directamente detrás de mí estaba la cama, con la misma colcha de cuadros blancos y azules que yo recordaba. Aquella era la prueba tangible, los restos de un mundo muerto. Yo había entrado en el museo de mi propio pasado y lo que encontré casi me aplasta.”



“Deje que mi mente vagara sin propósito, esperando persuadirme de que aquella ociosidad era prueba de que estaba reuniendo fuerzas, señal de que algo estaba a punto de suceder. Durante más de un mes lo único que hice fue copiar pasajes de libros, uno de ellos, de Spinoza, lo clave en la pared: “Y cuando sueña que no quiere escribir, no tiene la capacidad de soñar que quiere escribir, y cuando sueña que quiere escribir, no tiene la capacidad de soñar que no quiere escribir.”



“Como ejemplos de escritura, las cartas de campo sobrepasan a todas las demás. A estas alturas, el ojo de Fanshawe, se ha vuelto increíblemente agudo, y uno intuye una nueva disponibilidad de las palabras dentro de él, como si la distancia entre ver y escribir se hubiera acortado, los dos actos son ahora casi idénticos. Parte de un mismo gesto ininterrumpido.”



Azhaag



9.11.2008

Música: Whatever Happens, de Michael jackson

Polémico, excéntrico y controvertido por mil y un temas…¿Qué más da? ¿Acaso ha habido algún genio que no haya reunido esas características?
Michael Jackson, damas y caballeros…



Azhaag

9.06.2008

Artículo: El niño que iba de la mano del diablo

Ya desde pequeñito era considerado raro, tanto por sus coetáneos en estatura como por aquellos que midiendo cincuenta centímetros más que él eran considerados por ellos mismos como los adultos. Sus compañeros veían en él siempre la respuesta a las preguntas que los adultos lanzaban al aire en mitad de la clase, preguntas que en teoría, ningún niño debía conocer. Por lo visto, esos gruesos volúmenes a rebosar de letras quedaban demasiado altos en las estanterías de sus casas, no estaban al alcance de ninguno de ellos. Pero estaba claro que aquel jovencito, o bien tenia una silla sobre la que subirse, o alguien le alcanzaba los libros que descansaban en lo alto de las repisas. En definitiva, era demasiado listo para ser tan bajo. Cuentan que donde más disfrutaba era en aquellas clases donde se podía debatir lo expuesto en ellas. En clase de matemáticas o en lengua no se podía contradecir los axiomas básicos, dos y dos eran cuatro y negro era un adjetivo calificativo, pero había otras clases donde aquel niño podía avasallar a sus profesores, como en religión. Disfrutaba como un enano en clase de religión, ya que tenía ante él a un duro adversario, Doña Teresa. Era un hueso duro de roer, acunada y criada entre crucifijos y estampitas de Fray Leopoldo, la religión corría por sus venas como la sangre o como el veneno de una serpiente, el cual no dudaba en inocular a sus alumnos en grandes dosis de verdad inapelable. Se limitaba a imponer más que a enseñar a dudar. Y aunque suene increíble, esta beata se echaba a temblar cuando le tocaba impartir clase en el aula de 5º C, pues en la última fila la esperaba sentado nuestro amiguito, con su sonrisa de cabroncete, dejando ver uno de sus colmillos como un lobezno con ganas de hincar el diente. Al resto de alumnos le encantaba la situación que se producía día si y día también en clase de religión, cuando Doña Teresa comenzaba la clase, tarde o temprano, nuestro crío de la ultima fila levantaba la voz y comenzaba a poner en entredicho lo que la profesora decía, con argumentos tan sólidos y convincentes, que la profesora se enzarzaba en un acalorado debate contra aquel niño en lugar de mandarlo a callar. Esto ocupaba gran parte de la clase, por lo que la lección que mandaba estudiar siempre era reducida gracias a aquellos debates que consumían gran parte del tiempo, ganándose la sonrisa de sus compañeros. Doña Teresa comenzaba a exasperarse, cada día perdía terreno frente a aquel niño. Antes, los primeros días de clase, argumentos como “Dios existe porque así lo demuestra la Biblia”, bastaban para hacérselo creer a los alumnos. Pero nuestro amigo contra atacaba hablando con gran elocuencia. “La Biblia no es más que un panfleto publicitario escrito por aquellos que quieren que compremos su producto, es lógico que nos hagan creer en su verdad…”, decía, haciendo encolerizar a la profesora. Los días transcurrieron, y los argumentos para hacer real la existencia de un Dios, de una deidad creadora y suprema, se hicieron cada vez más científicos en lugar de tan espirituales como los expuestos antes. Nuestra profesora buscó algo tangible para callar la boca a aquel niño, alejándose incluso del temario que tocaba dar, en un intento de que su alumno no pudiera presentar ningún alegato preparado y ensayado contra lo que diría ella, hasta ese extremo tan desorbitado llegaron las cosas. “Vivimos en un gran lienzo, en una gran obra creada en exclusiva para nosotros. El mundo en el que vivimos esta demasiado bien hecho, ello evidencia que ha sido creado con premeditación, con una inteligencia detrás de la obra. Todo funciona demasiado bien como para que sea fruto de la casualidad. Se nos ha puesto agua para que calmemos nuestra sed, luz y oscuridad para calentarnos y escondernos al amparo del frescor que nos regala la noche, es por esto, que una vez más podemos evidenciar la existencia de un creador.” La mano de nuestro pequeño amigo se volvió a levantar con algo que decir. “No creo que eso sea cierto, Doña Teresa, el mundo como tal fue creado hace mucho tiempo, antes de la aparición de los seres humanos. Criaturas como los dinosaurios habitaron este planeta antes que nosotros. Se podría decir, por tanto, que el mundo fue creado para ellos, no para nosotros. Nosotros nos limitamos a florecer de el sin más.” Le tocaba mover ficha a la profesora. “El mundo, hijo mío, fue hecho para ti y para mi, para todos nosotros. Fíjate, por ejemplo, en el verde de los prados y los bosques ¿Por qué verde y no rojo o morado? La respuesta, una vez más, evidencia la existencia de nuestro Dios. El verde es el color en el que más descansa la vista al posarse sobre el, por eso los árboles no tienen su follaje rojo o de algún otro color dañino para nuestros ojos… hasta en eso ha pensado nuestro Dios.” La clase se quedó expectante a la respuesta del alumno, sin duda la estocada de la profesora era buena, bien dirigida y afilada en la piedra angular del argumento del diseño inteligente. Pero no fue bastante ni lo suficientemente certera para enmudecer a nuestro joven agitador. “Los árboles ya eran verdes antes de que nosotros habitáramos la tierra… han sido nuestros ojos, nuestra corneas, las que se han adaptado a la naturaleza y no al contrario.” Jaque mate, nuestro pequeño peón había engullido a la reina, la cual se limitó a callar y a mirar con un odio que su Dios no aprobaba a aquel niño. El tiempo pasó para ambos, dotándole a uno de altura y a otra de arrugas, y por esas ironías que tiene el destino, ambos se volvieron a encontrar un buen día, compartiendo el mismo autobús camino de al parecer un mismo destino. Ninguno le dijo nada al otro. Las miradas a veces son lo suficientemente elocuentes como para enturbiar el aire con palabras. La vieja profesora miró a aquel alumno que caminaba de la mano del diablo, sembrando falsas palabras ya desde pequeño hacia su profeta y su Dios. La gente no cambia, quizá por ello, el alumno tan solo se limitó a volver a sonreírle con su mueca de lobo orgulloso.

Azhaag

9.05.2008

Artículo: Revista Cinturón Negro, por Alfredo Tucci

De aquí a nada las perderemos, estoy convencido. Las revistas de artes marciales, las únicas, que sobreviven en el mercado español son la casi extinta publicación Dojo y la mensual Cinturón Negro. Ambas de gran calidad y seriedad a la hora de abarcar el tema, y es una lastima que tengan que mal vivir de esa manera entre tanta publicación absurda que abunda en los quioscos de toda España. Somos pocos los asiduos a estas publicaciones, y vienen a ser el cordón umbilical que aun nos ata y nutre al mundo de las artes marciales a nivel mundial. Gracias a ellas nos enteramos de las últimas publicaciones, de los combates más esperados o los grandes eventos. Ya hable en su momento, haciendo una breve referencia a uno de sus artículos, de la revista Dojo, hoy le toca el turno a su hermana Cinturón Negro. Esta publicación es comandada por Alfredo Tucci. Experimentado artista marcial y escritor, tiene varios libros ya en el mercado, y de forma cotidiana, cada mes, sus palabras llenan las primeras páginas de la revista con un artículo a modo de editorial. El comienzo del de este mes me ha parecido tan genial que no me he podido resistir a compartirlo con vosotros. En poquitas palabras (bien podría ser un microrelato perfectamente) Alfredo Tucci nos muestra el gran oficio que tiene en esto de escribir. Dice así…