10.07.2007

Artículo: Granada a oscuras


“La noche es la mitad de la vida... y la mitad mejor.”
GOETHE


Hoy he hecho una cosa que hasta la fecha no había tenido ocasión de hacer, por un manojo de circunstancias me he visto en el centro de Granada a las cinco de la madrugada, y al mirar en derredor, nada de cuanto me rodeaba me resultaba familiar, pese a conocer mi ciudad a fondo, aquella que veía no era la Granada que acostumbraba a patearme arriba y abajo todos los días. Me la habían cambiado.

Apenas había coches circulando, y los pocos conductores que había en ese momento debían de estar muy ocupados intentando no dormirse sobre el volante como para hacer sonar el claxon, por lo que circulaban en sepulcral silencio. Aun era de noche, por supuesto, y con la ayuda de un cielo encapotado la ciudad se mostraba oscura, valiéndose aun de las farolas para alumbrar mis pasos a través de aquella extraña que, horas antes, tenia por mi Granada.
Me ajusto el cuello de la chaqueta y tapo mi rostro con la capucha, hace un frío tremendo. Mientras ando, hecho leves ojeadas a ambos lados, todavía no me he cruzado con nadie. Las calles que dentro de unas horas estarán atestadas de gente se me presentan desiertas, y sintiendo una extraña alegría, ando por ellas oyendo solo el eco de mis pasos.

A través de la niebla observo como alguien en el edificio de enfrente enciende la luz de su dormitorio, para un instante después, volver a apagarla. Sonrío al imaginarme la escena, esa persona adormilada que da a la luz, y como si de un autómata se tratase, mira casi sin abrir los ojos el reloj, alegrándose al comprobar que aun es demasiado temprano, puede seguir durmiendo, piensa, y complacido ante la idea vuelve a apagar la luz y a abrazar a la almohada o al cuerpo que yace junto a él aun dormido. Sigo andando por esta ciudad muerta hasta llegar a la parada del autobús. Tomo asiento y compruebo, levantándome un poco la capucha, que una chica me mira sin quitarme ojo desde la parada de enfrente.
Otra insomne, pienso. No aparta la mirada, y yo entro en el juego, y fijo la mía en ella.
Su gesto se tensa por momentos, mientras agarra su bolso. Parece asustada.
Entonces reparo en la situación; yo, un tío de pelo largo y encapuchado, con mi chaqueta raída, la cual me lleva pidiendo a gritos desde hace años que le conceda la jubilación, observando a una chica temblorosa en la parada de enfrente. Completamente solos en una calle vacía. La has asustado, capullo. No estaba flirteando contigo, sino mas bien sopesando entre la idea de salir corriendo o mantener el tipo ante la atenta mirada de un depravado. Ya que ante ella, a esas horas, es lo que le debo parecer.
Me levanto un poco más la capucha y le sonrío. Siempre he tenido sonrisa de bobalicón, demasiado inocente, es como si le gritara, tranquila, que no muerdo ¿O alguna vez has visto a un pitbull con esta sonrisa? No soy peligroso, corazón.
Me devuelve la sonrisa, aunque sin tenerlas todas consigo. Tras comprobar que no soy tan peligroso como pregona mi aspecto, parece que se relaja, y se calza un mp3 en las orejas.

Yo vuelvo a reparar en esta Granada. Miro sus calles, tan tranquilas, sin el alborozo de cientos de voces con algo que decir, y sin embargo, tan pocos oídos prestos a escuchar. Prefiero mil veces esta extraña, tan reservada, tan vacía de molestas y forzosas compañías. Dormida la encuentro mucho mas bella, ya que no tiene un buen despertar, al poco de desperezarse y abrir los ojos ante la luz de un nuevo día, comienza a rezumar gente y más gente por sus calles.
Es la gente, entonces, la que me jode la ecuación, pienso. Como esa “x” cortita de entendederas, que mira a su alrededor y se ve rodeada de números, y sin embargo, sigue sin poder moverse de donde esta. Sabe que no es su sitio, sabe que no tendría que estar ahí, pero la pobre no sabe a donde ir, pues, a diferencia de mi, ignora que la noche puede tornarse un refugio.

Azhaag

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si es que la luz del día le quita la mitad de la magia y el encanto a cualquier lugar. No conoces totalmente una ciudad hasta que no paseas de noche por sus calles.

Buen escrito; el final como broche de oro. :)

Un beso.

Hibris

Azhaag dijo...

Paradojicamente, yo es cuando mas despierto estoy...

Un beso, preciosa.

Azhaag