6.07.2007

Cuadernos de viaje: Bélmez de la moraleda

Cuadernos de viaje: Bélmez de la moraleda (Jaén)

“Esa mujer que cambió su historia
y la del pueblo con un grito:
-¡Una cara!”

Tumbas sin nombre, de Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández.



Son muchos los lugares que me gustaría pisar, en esta nueva sección iré poniendo aquellos, que debido al atractivo que les encuentro, están en mi punto de mira.
Algunos estoy convencido de que no los veré jamás, por el grado de dificultad que presenta entrar por sus puertas o bien por que el bueno de Dios los puso a miles de km de mi casa, pero ahí están, sin dejar de palpitar ni por un segundo, como toda buena ilusión.

Hay un par de ellos que ya he podido tachar de mi lista en los últimos años, pero lejos de olvidarlos y correr raudo a trazar el siguiente viaje, le queda a uno la añoranza de volver a visitarlos lo antes posible, ya que se va uno de ellos totalmente enamorado de el paisaje que le regalan.

Como es el caso del primer lugar de mi larga lista…

Mi primer destino estaba a unas horas de coche de mi Granada, en la vecina provincia de Jaén.
La primera imagen que me brindo fue de lujo, el pueblecito se encontraba anclado bajo montañas por las cuales descendía sinuosa una ligera niebla, el cielo encapotado y ni un alma por sus calles. En apariencia tan misteriosa como me la imaginaba.

El pequeño pueblo de Bélmez de la moraleda.

Su encanto bien podría radicar en su paisaje como tal, o en las ruinas que albergan sus montañas, como por ejemplo, un hermoso castillo Árabe que se alza imponente en una de sus cimas. O en la hospitalidad de los Belmeños, la cual quedo más que demostrada.

Lo que hizo encaminar mis pasos hacia allí fue una historia que leí de pequeño, escrita por un caballero al cual aun hoy admiro, el difunto psiquiatra Fernando Jiménez del Oso.
Algo tenía este hombre, tanto en su forma de escribir como de hablar, hay personas que nacen con el don de la oratoria.
Todo un tusitala, como el mejor R.L Stevenson.

La historia que me contó en uno de sus programas y siempre desde ese vetusto despacho desde el cual trazaba el prologo en sus documentales, hizo que se me helase la sangre.
Contaba la historia de una mujer, Maria Gómez Cámara, la cual el tiempo no quiso que llegara a conocer en persona, pues falleció poco antes de llegar ante su puerta. Una mujer sencilla y señora de su casa; una mañana, mientras se dirigía a la cocina para comenzar a preparar la comida, algo la estaba esperando. Una efigie perfectamente dibujada en el fogón de la cocina la mirada son sus negros ojos, Maria comenzó a gritar asustada, y pronto los vecinos se apresuraron a ver que ocurría en el numero 5 de aquella calle, donde Maria muerta de miedo y sin saberlo aun, estaba dando origen a una historia sin igual.

La resolución alcanzada fue rápida, al igual que su ejecución, el hijo de Maria picó aquella cara convirtiéndola en escombros. Sin embargo, parecía que ya había echado raíces, al día siguiente volvió a brotar con más intensidad aun si cabe. Pero esta vez no vino sola, otros rostros y otras formaciones igual de inquietantes acompañaban a aquella faz.

Se movían por el cemento por las noches, apareciendo en otros lugares a la mañana siguiente para asombro de todos. Unos días parecían disminuirse y otros cobrar más fuerza.

La vox pópuli tildó de farsa y patraña aquel prodigio, y de forma inmediata se personaron eminentes científicos para desmontar aquel fraude. Pero allí no había trampa, la manipulación humana era inexistente, nadie había pintado o dejado de cualquier otra forma aquella cara en el cemento, la ciencia no pudo dar una respuesta. No había explicación para aquel fenómeno, al que los parapsicólogos denominaron teleplastia y el cual afirmaron era un fenómeno único en el mundo.

Y allí siguió viviendo aquella señora, bajo aquellas paredes con ojos y boca que la miraban todas las noches. Pero el miedo no estuvo presente nunca más, “no me dan miedo, me dan lastima…, por las noches rezo por ellas” llegó a decir Maria.

Cuando leía los últimos artículos sobre el tema, y observaba palpando la hoja de la revista aquellas fotos, una vocecita en mi interior me convencía de que jamás podría llegar a ver aquel fenómeno con mis propios ojos, me resultaba inalcanzable. Imaginen pues, la emoción que me embriago cuando mire a mis pies y vi que estaban pisando Bélmez de la moraleda.
Cuando al alzar la cabeza de nuevo me encontré ante aquella casa número 5, la cual decían los estudiosos, albergaba un fenómeno que se le escurría entre los dedos a la ciencia. Aquella vocecita que coartaba mis viajes y los hacia imposibles, calló avergonzada.

Uno de sus hijos nos dio la bienvenida con un buen apretón de manos, bien fuerte, como a mi me gusta.
Nos contó la historia que ya conocíamos, pero que en aquella voz grave y en aquel sitio, era una historia totalmente nueva, desconocida por completo.

Y allí estaba, al alcance de mi mano, tal y donde esperaba encontrarlas. Y por fin pude mirarlas a los ojos, y ya no importaba la pregunta de cómo había surgido aquello, la razón y la lógica no tenían voz entre aquellas paredes, lo único que valía allí era la sensación en si misma.


Aquello era una grieta en la concepción del mundo que yo poseía, y la estaba tocando, tenía mis dedos en ella.
Era un lugar mágico en un mundo donde la tecnología desmonta cualquier atisbo de magia.

-¿No le da miedo? –le pregunté a aquel hombre que se apoyaba sobre el marco de la puerta de su casa.

-No molestan a nadie…, apenas hablan –me contestó sonriendo.

Y aquella respuesta, en aquel salón, de rodillas ante una cara que me miraba sin parpadeos alguno, sin perderme de vista, fue tan rotunda, tan posible, tan real…

Me marche de allí, aunque nunca me he ido del todo, convencido de que le había dado forma a un sueño…, y desde entonces cada vez oigo menos a esa vocecilla que limita mis pasos.

Azhaag

6 comentarios:

Hibris. dijo...

Qué entrada más chula :)
Me puedo hacer una idea de lo que sentiste en aquel momento, al poder ver y tocar las misteriosas caras... Qué envidia... espero algún día poder experimentarlo yo también. :D

Muy bien narrado, por cierto. Un beso

Hibris

Azhaag dijo...

Todo esta en coger la mochila y tirarse a la carretera..., el verano es muy largo.

Un Beso.

Azhaag

Azhaag dijo...

Parafraseando a Lao Tse:

"Un viaje de mil millas empieza con un paso."

Azhaag

sinnombre dijo...

Yo pienso que la gente que pretenda averiguar la raíz de esas efigies, debería remontarse al revestimiento de las paredes; a sus revestidores (en la jerga obrera: son los que realizan el revestimiento de las paredes; antiguamente lo hacían los tabiqueros y albañiles y peones), al material usado... y tampoco olvidar cierta intención implícita o relacionada con el ocio en su obra.

Leí muy poco sobre estos 'fenómenos' quizá esto que propongo ya fue tratado y estudiado, quizá estoy intentado parecer incrédulo.

Un Saludo. :D

sinnombre dijo...

Ah, y sobre todo no olvidar la idea de efigie, que se lleva en la cabeza, cuando se va a visitar un sitio como éste; las personas que nos ayudan a comprender desde su punto de vista los fenómenos, sobre todo la reacción colectiva ante hechos aparentemente insólitos y con demasiada carga emocional.

Azhaag dijo...

Yo soy esceptico por naturaleza, pero aquello son caras, una cara con sus ojos, con su boca y su nariz... no es una cara lo que percibo por que los parapsicologos asi lo hayan dicho.

El tabique como tal fue picado varias veces, y las caras salian una y otra vez en el nuevo cemento.

No son obra humana ni directa ni indirectamente (humedades del cemento o cualquier otra cosa producida por una mala mano de obra a la hora de levantar aquellos muros).
Es un fenomeno el cual se vinculo de manera directa con Maria, la dueña del inmueble. Cuando ella abandonaba la casa por unos dias las caras perdian intensidad, o cuando enfermeba, y cuando volvia a su casa las caras a los dias volvian a perfilarse. Tras su muerte las caras se han apagado muchisimo.

Lo que se puede asegurar, tras los muchisimos analisis realizados, es que no hay trampa ni carton. Dentro de lo imposible del fenomeno, este es real.

Un saludo.

Azhaag