6.03.2007

Relato: Conversación ante el espejo III

Conversación ante el espejo III

“Los espejos deberían pensárselo dos
veces antes de devolver una imagen.”
Jean Cocteau

Dispuse todo a mi gusto, la luz suficiente para leer sin dañarme mi ya de por si dañada vista, la puerta bien cerrada a calicanto para dar a entender que no quiero interrupciones de ningún tipo y el mullido sillón presto a que diera comienzo mi lectura sentado en el.

Busqué entre los estantes el libro que quería y una vez abierto, y sentado ya en el sillón, la pagina donde aguardaba aquel dialogo que quería releer.

Pagina 274, tal y como recordaba…

Entra Romeo.

BENVOLIO: ¡Feliz madrugada, primo!
ROMEO: ¿Es tan joven el día?
BENVOLIO: Acaban de dar las nueve.
ROMEO: ¡Ay de mí! ¡Que largas parecen las horas tristes! ¿Era mi padre el que se alejaba de aquí tan aprisa?
BENVOLIO: Lo era ¿Qué pesadumbre alarga las horas de Romeo?
ROMEO: El no poseer lo que poseído las abrevia.


Y es llegado a este punto cuando me interrumpe.

-Seis letras…, comienza por A…, “General Cartaginés” ¿Me ayudas? –me pregunta la figura del espejo mientras hace tamborilear el bolígrafo sobre la revista de crucigramas que sostiene entre las manos.

Lo miro enojado.

-¿Te importa? Intento leer…

Vuelve a bajar la mirada sobre la revista y sigue con el crucigrama, como si nada. Yo aguardo unos segundos, antes de retomar de nuevo mi lectura, a ver si me vuelve a interrumpir, pero parece que ha cogido la indirecta.
Por lo que sigo leyendo.

“BENVOLIO: ¿En amor?
ROMEO: Privado…
BENVOLIO: ¿De amor?
ROMEO: Privado de los favores de aquella a quien adoro.
BENVOLIO: ¡Ay! ¡Que el amor, tan gentil en apariencia, haya de ser tan cruel y tirano en la prueba!
ROMEO: ¡Ay! ¡Que el amor, que lleva vendada la vista, halle sin los ojos camino franco a su voluntad! ¿Dónde comeremos? ¡Mísero de…”


-Oye ¿No era ese que decía: “Donde pisa mi caballo no vuelve a crecer la hierba”? Es ese ¿Verdad? –me interrumpe nuevamente la figura del espejo.

-¡Ese era Atila, animal! ¡La respuesta es Aníbal, y ahora joder, déjame leer en paz! –le grito hecho un basilisco.

-Aaaah…, claro. Espera; Aníbal tiene seis letras, no puede ser…

- ¡¡Sin H!!

-Ah claro…, sin H si cabe, gracias artista –me dice riéndose, y vuelve a bajar la cabeza hacia la revista.

Le miro con los dientes apretados y continúo mi lectura.

“…mísero de mi! ¿Qué reyerta ha habido aquí? Mas no me lo digas, pues todo lo he oído. Mucho da que hacer aquí el odio, pero más el amor. Por tanto, pues, ¡Oh amor pendenciero! ¡Oh amor amoroso! ¡Oh suma de todo, primer engendro de la nada! ¡Oh pesada ligereza, grave frivolidad! ¡Informe caos de seductores formas! ¡Pluma de oro, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es! Tal es el amor que siento, sin sentir en tal amor, amor alguno ¿No te ríes?
BENVOLIO: No, primo; más bien lloro.
ROMEO: Buen corazón, ¿de que?
BENVOLIO: Del agobio de tu buen corazón.”


-Tío, me has ofendido con lo de antes. No tenias por que llamarme animal…, te has pasado, ¿No crees? –me vuelve a interrumpir con su estridente voz.

-¡¡Que te calles!! –le grito entre espumarajos.

La figura del espejo me mira muy serio, realmente molesto.

-Hagamos una cosa –me dice, apuntándome con el bolígrafo-; ayúdame con esta otra definición, que es la que me falta para acabar el crucigrama, y te dejo que sigas con tu insulso libro ¿Vale?

Le miro con los ojos inyectados en sangre, a la espera de que me diga la definición.

-Pone: “Tonto, necio, de escaso juicio o entendimiento.” Nueve letras. Comienza por “Me” y acaba por “to” ¿Qué es?

Reflexiono un instante.
Se corre la voz entre mis cuatro neuronas, se preguntan entre ellas cual es esa palabra que logrará que pueda leer en paz. La más avispada da con ella tras unos segundos.

-Mentecato. Es mentecato –contesto.

Nada más dejarse oír mi respuesta en la habitación la figura del espejo salta como un resorte, apuntándome de nuevo inquisidoramente con el bolígrafo.

-¡¡Me tiro un peo y te mato!! ¡¡Jajajajaja!! –me dice mientras explota entre carcajadas.

Al llegar mi madre a casa y subir a mi habitación a saludarme, lo primero que me dijo, antes del habitual hola Rubén, es qué que le había ocurrido al espejo. El cual presentaba un enorme golpe justo en el centro y un charco de cristales rotos a sus pies.
La siguiente pregunta fue acerca de lo que me había pasado en la mano, la cual tenia llena de tiritas.

La mire asomándome por encima del libro.

-No me dejaba leer.

Azhaag


1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustó mucho el estilo que has empleado. Acoplando fragmentos de la obra maestra de Shakespeare le das un toque seductor al relato, en contraste con la mala leche del lector hacia el espejo por sus continuas interrupciones.
Mi enhorabuena, me ha encantado.

Un apunte personal... casi al final del escrito, yo suprimiría la frase: "La siguiente pregunta fue acerca de lo que me había pasado en la mano, la cual tenia llena de tiritas." Con la frase anterior y la contestación de "No me dejaba leer." queda perfectamente claro quién lo rompió.

Un beso.

Hibris